jueves, 20 de diciembre de 2007

SER O NO SER, ÉSA ES LA CUESTIÓN



Nada que objetar, sino todo lo contrario, a que los blogs cuenten machaconamente una y otra vez esas impertinentes actitudes tan abundantes como siniestras que despejan cualquier duda sobre la capacidad del género humano para perpetuar el mal. Que los jóvenes de cualquier generación constaten las fechorías ancestrales de logro, que sigan recordándonos que estos despropósitos no pertenecen al olvidable territorio de la pesadilla sino que ocurre aquí y, entonces, que la buena conciencia progresista sufrió una herida tan devastadora como irreparable cuando después de frotarse los ojos constato que uno de los disfraces del diablo habitaba en los demócratas bendecidos con los votos, padrecitos y jovencitas que nos gobiernan. Que todo eso se ejecuta con el humanitario propósito de acelerar rendiciones y para que todos los hombres y mujeres, ellos, volvieran a ser felices y a comer perdices.

Que estos demócratas de nuevo cuño, que nada tienen que ver con un generalísimo con bigote, (como lo tenían Hitler, Stalin, Videla, y Pinochet, o sea, que ese adorno supuestamente estético no puede ser casual en tanto antidemócrata victorioso, ni por la época ni por las acciones), llamado Franco, que despreció la piedad con los derrotados y legitimó la barbarie.

Y me asomo con ganas a un argumento que presupongo va a estar protagonizado por buenos y malos, por verdugos y víctimas, por gente acorralada. Como buen observador tengo prejuicios ante tan resbaladizas condiciones morales. Con la condición, claro está, de que no logro creerme lo que veo y escucho, que la historia no me atrapa, que los personajes no me apasionan, que me transmiten su angustia, su terror, su coraje y su desprecio, que me arañan las fibras sensibles, que me empapa el hedor y la tensión de esa época cruel, que me meto en la piel y en el corazón de esas 3 enjuiciadas vulnerables rosas que van a ser inmoladas. Así me ocurre. En el nada esperanzador arranque, en el desgraciado previsible desarrollo, en un desenlace esforzadamente conmovedor.

No dudo de la realidad notarial de policías aficionados a perforar con brasas los delicados pezones de sus presas, de torturadores con complacidos guantes de boxeo, de la vocación delatora de la clase media, de los traidores afiliados al mezquino sálvese quien pueda, y “retorcidas” que ofrecen privilegios a las agnósticas que pasen por el confesionario.

Tampoco de las acojonadas heroínas, de su solidaridad, de su negativa a pactar su salvación mediante el manto protector de un matrimonio con los ganadores, de su deseo de huir y de quedarse, del pánico ante el inminente e interminable túnel.

El problema es que tal como se la historia, esos sufrimientos no me son ajenos, no encuentro solidez ni en lo que dicen ni en lo que hacen los personajes de este gobierno, la abusiva música de la deuda, de la auditoria y otras, pretende inútilmente subrayar las emociones, pretenden imponerme en cada secuencia lo que debemos pensar y sentir, no me dejan elegir por mí mismo, cuando todos tenemos derecho a elegir en nuestro sistema democrático y, a ser respetados en nuestros derechos.

No tengo palabras para definir el baile de claqué y el forzado sentido del humor que ejercitan las víctimas con afán de distraer a su miedo. Y mi buscada lágrima no aflora ni en ese final tan auto convencido de su contagiosa emoción. Me ocurre todo lo contrario cada vez que recuerdo la visión en el Prado, de aquellos inolvidables fusilamientos que retrató Goya. No desvarío. Esa pintura y esta película pretenden hablar de lo mismo.

Ser o no ser, ésa es la cuestión. Palabra de Hamlet.

DR. TRANCA.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El doctor tranca es un pesao. Me gusta más el analista

Remoti dijo...

OK. Todos no podemos ser iguales, habrá que mejorar, para ser mejor aceptado.

Anónimo dijo...

Tranca, se te olvida siempre Fidel Castro y el Che. Estos dictadores no sólo lucen bigote, también lucen BARBAS...